SOBRE LA INCONTINENCIA
La incontinencia urinaria
La incontinencia urinaria es un tema serio sobre el cual nos interesa informar agregando un servicio extra a nuestros clientes y visitantes.

Por ello hemos agregado esta sección en la cual se abordan científicamente los aspectos principales relacionados con este problema. A su vez, agregamos vínculos interesantes para quienes deseen ampliar la información.

La micción
El proceso de micción se inicia cuando los líquidos residuales pasan de los riñones a dos tubos extensos llamados uréteres. Estos se vacían en la vejiga, saco membranoso situado en la parte inferior de la pelvis. Cuando la vejiga llega a su capacidad máxima (varía en el ser humano entre 235 y 475 ml), los nervios de esta zona emiten señales a la médula espinal y al cerebro.

Mediante una red de células nerviosas y neurotransmisores, el cerebro regula los músculos de las vías urinarias. Cuando la vejiga se hincha, la información llega al cerebro y la sensación se vuelve conciente.

La persona, entonces, contrae los músculos voluntariamente para evitar la micción. Cuando la persona quiere orinar, a través de la médula espinal se inicia el reflejo de vaciamiento. En este proceso, los músculos llamados detrusores que rodean la vejiga se contraen mientras que el esfínter interno, músculo que rodea el cuello de la vejiga se relaja. Al abrirse el esfínter interno, la orina fluye hacia la uretra (parte inferior
de las vías urinarias).

Cuando la orina entra en la uretra, la persona relaja concientemente un músculo voluntario llamado esfínter externo permitiendo la micción.

La incapacidad de controlar la micción se designa como “incontinencia urinaria”. Esta puede ser temporaria o permanente. La incontinencia urinaria no es considerada una enfermedad sino un síntoma de uno o varios problemas en las vías urinarias. Según sus causas, la incontinencia suele dividirse en 4 grupos: incontinencia de esfuerzo, de urgencia, de rebosamiento e incontinencia funcional.

Incontinencia de esfuerzo
Surge cuando el esfínter interno no se cierra correctamente. Los síntomas iniciales son pérdidas menores en acciones que conllevan una presión a la vejiga como toser, estornudar, reír, levantar objetos, etc. La pérdida desaparece en el momento en que la acción termina.

Tanto en hombres como en mujeres, el proceso de envejecimiento ocasiona un debilitamiento general de los músculos involucrados en la continencia como así también una disminución en la capacidad de la vejiga.

Incontinencia de urgencia
En estos casos, la vejiga se contrae con mayor frecuencia de lo habitual, causando la necesidad de orinar muy seguido o la pérdida de orina. La vejiga se vuelve hiperactiva, la sensación de plenitud no es comunicada al cerebro de forma correcta y la vejiga libera la orina.

La incontinencia de urgencia suele deberse a una inestabilidad del detrusor en la cual este músculo se vuelve inestable y se contrae de forma inadecuada.
La inestabilidad del detrusor tiene lugar en el 75% de los hombres con hiperplasia prostática benigna causando una mayor frecuencia y urgencia miccional durante la noche llegando a la incontinencia en los casos más graves. Sin embargo, las causas de la incontinencia de urgencia suelen ser, en muchos casos, desconocidas.

Incontinencia por rebosamiento
En estos casos la vejiga es menos activa de lo normal y no puede vaciarse por completo a raíz de una obstrucción parcial o menor actividad en los músculos de la vejiga. Al no poder vaciarse por completo, la vejiga se distiende. La incapacidad de contraerse del esfínter interno puede ser el resultado de tumores, ciertos medicamentos o lesiones cicatriciales.

La incontinencia por rebosamiento también puede ser causada por situaciones que desensibilizan los nervios, con lo cual no pueden sentir que la vejiga está llena y por lo tanto, no desencadenan su contracción.

Incontinencia funcional
En estos casos, el sistema urinario se encuentra en estado normal pero la persona no puede utilizarlo debidamente debido a trastornos graves como el mal de Parkinson o la enfermedad de Alzheimer. La confusión mental suele impedir el reconocimiento de las señales que llegan del aparato urinario.

No obstante esto, todos los adultos mayores de avanzada edad son susceptibles a la incontinencia.

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